Es una de las decisiones más difíciles y una en la que la evidencia es bastante clara, aunque vaya contra la intuición. En demencia avanzada, la sonda de alimentación no prolonga la vida, no previene la neumonía por aspiración, no mejora la nutrición de forma significativa y no mejora la calidad de vida. Sí añade molestia, agitación y con frecuencia la necesidad de sujetar al paciente para que no se la retire.
Dejar de comer en demencia avanzada suele ser parte de la evolución de la enfermedad, no la causa del deterioro. Lo que se recomienda es alimentación cuidadosa por la boca, con la consistencia adecuada, en pequeñas cantidades y con tiempo, aceptando lo que la persona pueda tomar. Es una conversación que conviene tener con calma y con información, no en una sala de urgencias a las tres de la mañana.